Dentro el ambiente era de los más tétrico. Colchones y cartones tirados por todo el suelo sobre los que dormían decenas de personas vestidos con túnicas Krishna. Del piso inferior provenía el eco de unos rezos que pretendían imitar un mantra tibetano. Supe al instante que el viejo Enrique VIII estaría por allí. Según bajaba las escaleras hacia el piso inferior me encontraba con gente dando vueltas sobre sí misma tan puesta de LSD que eran incapaces de verme. El olor a incienso se hacia cada vez más insoportable a medida que me acercaba a lo que podría denominarse altar. Me reconoció al instante de hecho en más de una ocasión mis puños habían visitado su cara contratados por algún padre deseoso de alejar a su hija de las garras de Enrique.
- Jeff, viejo amigo. ¿Vienes en busca de la verdad?- dijo mientras me ofrecía LSD.
- Si- afirmé- vengo en busca de la verdad, pero de otra verdad.
Enrique VIII estaba loco, completamente loco. Décadas de consumo indiscriminado de drogas le habían convertido en una especie de bufón. Pero era todo lo que tenía para empezar a recabar información.
- ¿Qué sabes de una secta instalada en el centro, cuyo lema es “resurrectio et vita”?
Por un instante parecía que los ojos se le iban a salir de las órbitas . Tras acariciar su cabeza afeitada tomó asiento mientas me indicaba con la mano que me sentará en un viejo colchón que había frente a él.
- La respuesta que buscas es San Juan 5:21- afirmó mientras se quitaba la túnica dejando su pecho al descubierto.
Tatuado podía leerse: “San Juan 5:21- Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que el quiere”.
- ¿Te gustan los cuentos Jeff?.

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