...todo me iba muy bien, mi expediente académico era impecable, tanto, como mi prometedor futuro en el campo de la neurocirugía, en mi empeño por profundizar en los secretos de la mente humana, hice buenas migas con algunos alumnos que cursaban psicología, pronto las charlas en una mesa abarrotada de botellas de cerveza vacías se volvieron mas frecuentes e interesantes, hablamos de hipnosis, de control mental, de lavados de cerebro.
Un día Matthew, que así era como se llamaba uno de mis amigos, nos habló sobre un chico que había conocido en una clase de psiquiatría, el chico en cuestión pertenecía a una de las hermandades mas famosas y exclusivas del campus, la Psi, formada en su mayor parte por estudiantes de psicología, pero que también contaba con miembros de otras disciplinas e incluso destacados deportistas universitarios.
Este le había hablado sobre una organización que cada vez contaba con mas adeptos dentro de la hermandad, una organización que iba mas allá del estudio científico expandiendo su conocimiento hacia lo paranormal, no le especifico mucho mas sobre las intenciones o lo que hacían en esa organización, pero si le dijo una frase que a todos nos dejó un poco intrigados, "Resurrectio et vita".
Siempre he sido una persona muy abierta a las nuevas sensaciones, así que al día siguiente me colé en la clase de psiquiatría con Matthew y entablé contacto con su nuevo amigo. Rudolph Rogers que así era como se llamaba el chico, era un joven espigado, con un acné juvenil aun presente en su cara y una vestimenta un tanto estrambótica y algún que otro tic nervioso, lo cual me hizo sospechar al principio que su historia no era mas que una invención de una mente un tanto desequilibrada. Nada mas lejos de la realidad, Rogers se mostró como un chico abierto y tremendamente espabilado, rápidamente al ver mi interés en la historia se centró en mi, y al despedirnos acordamos quedar a la noche para seguir hablando del tema.
Pasaron las semanas y mi amistad con Rogers crecía, mis viejos amigos ya no me resultaban interesantes, había descubierto una nueva vía de conocimiento, Rogers me hablaba sobre viajes entre dimensiones, seres sobrenaturales que podían controlar nuestras mentes para su propio beneficio y que eran conocidos como los primigenios, muertos que volvían a la vida como marionetas dispuestas a hacer cualquier cosa por la organización.
Puede parecerte una locura Jeff, pero llego un día en el que decidí entrar en la organización, por entonces había descuidado mucho mis estudios de medicina absorto en las historias de Rogers, no paraba de leer sobre el tema, libros y libros, y empecé también a experimentar con drogas, con el fin de liberar mi mente e intentar llegar a un nivel superior de conocimiento. Rogers accedió, y pocos días después me dio la dirección donde debía de pasar la entrevista de acceso, me comento también, que eso implicaba pasar la prueba de acceso a la hermandad psi por lo que debería de trasladarme a la misma. También me advirtió sobre que una vez iniciado el proceso no había vuelta atrás, pertenecería a la organización hasta mi muerte y por su puesto en mi resurrección. Cuando se fue, mi cara de sorpresa fue mayúscula al ver que anotado en el papel estaba el despacho de un profesor llamado August Jermyn, brillante doctor especializado en neurocirugía y responsable de algunas de las clases mas interesantes a las que había tenido el placer de asistir.
Esa misma tarde me encaminé a su despacho, llamé a la puerta y desde dentro escuche la voz de Jermyn invitándome a entrar, nada mas verme la expresión de seriedad de Jermyn cambio hacia una mueca de sorpresa mezclada con satisfacción, yo era uno de sus alumnos mas brillantes y ahora iba a unirme a su causa. No medio palabra, se levanto de su silla y abrió una pequeña caja fuerte escondida detrás de un retrato, de la que supuse era su esposa. Y entonces lo vi..
De repente Enrique VIII se paró... dejó de hablar y se quedó en el mas absoluto silencio, hasta que me dijo, "no puede ser, están aquí" nerviosamente se levantó se acercó a mi y me dijo "alejate de esta investigación Jeff, si tienes aprecio por tu vida renuncia al caso dile a tu cliente que no te interesa", entonces cogió sacó una pistola de su cintura y se fue corriendo por una de las puertas al fondo de la estancia.
Me quedé helado, me había dejado a medias con la historia y encima desconcertado ante su violenta reacción, pero a los pocos segundos todo cobro sentido, una voz ronca y familiar sonó a través de un megáfono, era el inspector de policía Hobbes, y se trataba de una redada de la D.E.A.
Rápidamente me levante como un resorte, y me dirigí en dirección a la misma escalera de incendios por la que había subido, pero justo a unos 10 metros de la misma pude ver como un par de policías entraban por ella gritando a todo el mundo que se tirara al suelo con las manos sobre la cabeza. Exigencia que no caló muy hondo entre la mayor parte de la gente que caminaban como zombis ausentes de todo lo que estaba pasando. Rápidamente di media vuelta y me metí por otra puerta, corría sin mirar atrás, por un pasillo poco iluminado y que por el sonido de mis pisadas tenia un firme construido a base de tablas de madera, tal era mi urgencia que no pensé en el estado de la misma y así después de unos cuantos pasos, pise en falso y el mundo empezó a dar vueltas, me caí al piso inferior, y por suerte aterrice sobre algo blando, viscoso y maloliente, no me pare a pensar en que era, simplemente corrí hacia una ventana me asome y vi el mar a unos metros, era mi única opción así que me lancé y me alejé a nado hasta la otra punta del muelle.
Una vez a salvo me dirigí empapado a mi coche, por suerte, aunque lo había dejado cercano al almacén, temeroso de que algún yonki se ensañara con el lo había escondido lo suficiente como para que ni los policías de la D.E.A. Se percataran de su presencia. Mientras conducía le daba vueltas a todo lo vivido esa noche, mi cabeza funcionaba a un ritmo trepidante, pero pronto los síntomas de la fatiga empezaron a aparecer, pero no podía irme a dormir, tenia que saber mas sobre el tema, así que me dirigí a mi despacho, al entrar el perfume de Natali seguía en el aire, me tire el sofá, con mi portátil sobre el regazo, dispuesto a pasarme la noche recopilando información, pero al momento me dormí, fue inevitable.
Desperté con el sol dándome en la cara, por fin un día soleado en esta maldita ciudad, aun así mi estado de humor no era bueno, estaba nervioso, intranquilo, hacia unas horas un loco demente, me había hablado sobre ritos, seres superiores y resurrecciones, había estado a punto de acabar detenido o aun peor con una bala en mi cabeza, me había escapado a nado y el día que amanecía se presentaba como un apasionante viaje al orgullo de la formación académica del país... La universidad de Harvard.

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