Durante toda mi vida ha habido dos cosas que nunca he soportado. La primera los días de lluvia. No hay nada mas molesto para un detective que seguir a un sospechoso por la calle, mientras intentas esquivar una marea de paraguas dirigidos por gente tan absorta en sus problemas, que son incapaces de mirar fuera de su propio ombligo.
La segunda las mujeres con perfumes caros. Tras años de trabajo conviviendo con lo mas sórdido de los sentimientos humanos, llegué a la conclusión de que una mujer, cuando usa un perfume caro está dejando dos cosas claras. Lo primero su estatus social. Lo segundo que siempre está dispuesta a mejorarlo a cualquier precio.
Aquella tarde se juntaron las dos. A través de la ventana veía llover a cántaros y ella en la puerta como una sombra. Cuando quiso entrar su perfume ya había llegado hasta mi...(continuará)

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